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A6 Cambio Climático Acelerado

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El cambio climático antropogénico actual constituye una anomalía excepcional dentro del Holoceno, los últimos 11.700 años de historia climática de la Tierra. La tasa de calentamiento observada, cercana a 0,18 °C por década desde 1970 y a 0,2 °C por década durante 2010-2020, supera en magnitud y rapidez los cambios naturales observados durante períodos comparables del Holoceno. Esta tendencia no aparece únicamente en la temperatura superficial: el calentamiento oceánico, el aumento del nivel del mar, el crecimiento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono, la acidificación de los océanos, el aumento del vapor de agua atmosférico y los cambios en los extremos climáticos presentan tendencias coherentes entre sí y distinguibles de la variabilidad interna natural del sistema climático.

La causa física fundamental es el forzamiento radiativo antropogénico, cercano a 2,7 W/m² respecto del nivel preindustrial. Su principal componente es el dióxido de carbono, con aproximadamente 1,8 W/m², seguido por el metano, con alrededor de 0,5 W/m², y el óxido nitroso, con cerca de 0,2 W/m². Parte de este calentamiento es compensado por los aerosoles antropogénicos, cuyo forzamiento negativo se estima entre 0,5 y 1,5 W/m². Los aerosoles enmascaran así una fracción del calentamiento que producirían por sí solos los gases de efecto invernadero.

El sistema climático no responde instantáneamente al forzamiento. La sensibilidad climática transitoria describe el calentamiento mientras el forzamiento continúa aumentando y componentes lentos del sistema, especialmente el océano profundo, todavía no han alcanzado el equilibrio. La sensibilidad climática de equilibrio representa, en cambio, el calentamiento final que se alcanzaría si el forzamiento permaneciera constante durante un tiempo suficientemente largo. Esta última es mayor porque incorpora procesos lentos que todavía no han desarrollado plenamente sus efectos durante la respuesta transitoria.

La relación entre emisiones y calentamiento permite definir el presupuesto restante de carbono: la cantidad máxima adicional de dióxido de carbono que puede emitirse manteniendo una determinada probabilidad de no superar un umbral de calentamiento, como 1,5 °C o 2 °C respecto del nivel preindustrial. Su fundamento es la relación aproximadamente lineal entre las emisiones acumuladas de CO₂ y el aumento de la temperatura global. En términos generales, cuanto mayor sea la cantidad total de dióxido de carbono emitida, mayor será el calentamiento resultante. Por ello, cada emisión adicional consume una parte del presupuesto disponible y reduce el margen restante antes de alcanzar un determinado nivel de temperatura.

El calentamiento antropogénico también modifica los extremos climáticos. Al aumentar la temperatura media del sistema se desplaza la distribución de numerosas variables meteorológicas, haciendo que condiciones cálidas anteriormente poco frecuentes se vuelvan más habituales y que puedan alcanzarse valores extremos mayores. Los cambios del sistema climático pueden modificar además la variabilidad y, con ello, la frecuencia e intensidad de determinados fenómenos extremos.

Existe así una relación directa entre emisiones, forzamiento radiativo, calentamiento y riesgos climáticos. Las actividades humanas aumentan las concentraciones de gases de efecto invernadero, estas alteran el balance radiativo del planeta y el sistema climático responde mediante un calentamiento que se desarrolla en distintas escalas temporales. La acumulación de emisiones determina cuánto aumenta la temperatura y, por tanto, cuánto del presupuesto de carbono permanece disponible. Al mismo tiempo, ese calentamiento modifica progresivamente las condiciones climáticas y la ocurrencia de extremos. El presupuesto restante de carbono proporciona así una forma de vincular directamente un objetivo de temperatura global con la cantidad acumulada de CO₂ que todavía puede emitirse antes de sobrepasarlo.

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