E9 Ciclo Hidrológico Global
Tópico
El ciclo hidrológico global describe el movimiento continuo del agua entre cuatro reservorios: la atmósfera, que contiene cerca de trece mil kilómetros cúbicos de agua; los océanos, que contienen cerca de mil cuatrocientos millones de kilómetros cúbicos de agua; el hielo, que contiene cerca de veintiséis millones de kilómetros cúbicos de agua; y los continentes, que contienen cerca de un millón de kilómetros cúbicos de agua fuera del hielo. El agua se mueve constantemente entre estos cuatro reservorios del ciclo hidrológico global, y ese movimiento continuo es lo que define al propio ciclo hidrológico global como un ciclo y no como cuatro reservorios estáticos e independientes entre sí.
Los flujos que conectan a estos cuatro reservorios del ciclo hidrológico global son, principalmente, tres. La evaporación retira cerca de cuatrocientos treinta y cuatro mil kilómetros cúbicos de agua del océano cada año y los traslada hacia la atmósfera. La precipitación devuelve esa misma agua desde la atmósfera hacia la superficie: cerca de trescientos noventa y un mil kilómetros cúbicos de agua caen como precipitación sobre el océano cada año, y cerca de ciento siete mil kilómetros cúbicos de agua caen como precipitación sobre los continentes cada año. La escorrentía, por último, devuelve al océano cerca de cuarenta y cuatro mil kilómetros cúbicos de agua cada año, el agua que cayó como precipitación sobre los continentes y que los ríos y las napas subterráneas terminan drenando de vuelta hacia el océano, cerrando así el ciclo hidrológico global entre el océano, la atmósfera y los continentes.
Bajo el calentamiento global, la intensidad de este ciclo hidrológico global se amplifica, porque la capacidad de la atmósfera para contener vapor de agua aumenta cerca de un siete por ciento por cada grado Celsius de calentamiento. Cuanto mayor es la capacidad de la atmósfera para contener vapor de agua, más intensa es, en promedio, la precipitación que el ciclo hidrológico global produce cuando finalmente descarga ese vapor de agua acumulado. Sin embargo, esta intensificación del ciclo hidrológico global no se distribuye de forma pareja sobre la superficie de la Tierra: las regiones que ya son húmedas tienden a volverse todavía más húmedas, mientras que las regiones que ya son secas tienden a volverse todavía más secas, de modo que la misma intensificación del ciclo hidrológico global amplifica los contrastes que ya existían entre las regiones húmedas y las regiones secas en vez de repartirse por igual entre ellas.
El ciclo hidrológico global no solo mueve agua: también mueve energía, porque el nexo entre el agua y la energía es íntimo. La evaporación consume cerca de ochenta y cinco vatios por metro cuadrado del flujo de calor latente global, la energía que la evaporación absorbe de la superficie para convertir agua líquida en vapor de agua, y esa misma evaporación es el mecanismo dominante para trasladar energía desde la superficie hacia la atmósfera en los trópicos, más importante allí que la transferencia directa de calor por contacto entre la superficie y el aire. Como la evaporación, la precipitación y la escorrentía del ciclo hidrológico global trasladan tanto agua como la energía asociada a esa agua, cualquier cambio en el ciclo hidrológico global —como la intensificación bajo calentamiento global descrita antes— implica directamente un cambio en la distribución de energía del sistema climático, no solo un cambio en dónde y cuánto llueve.
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