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M6 Tendencia Forzada

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El cambio climático antropogénico es el modo de variabilidad del sistema climático que domina la escala de tiempo actual, de décadas a siglos, y que está dominado por el forzamiento externo de origen humano, fundamentalmente la emisión de gases de efecto invernadero y de aerosoles. A diferencia de los modos de variabilidad interna del sistema climático que surgen de la propia dinámica interna acoplada del sistema, este modo del cambio climático antropogénico es una respuesta forzada que emerge progresivamente por encima de esa variabilidad interna del sistema climático a medida que el forzamiento externo de origen humano se acumula. El parámetro clave de este modo forzado es el tiempo de emergencia de la señal: el momento en que la señal forzada por el cambio climático antropogénico supera, de manera estadísticamente robusta, el nivel de ruido de la variabilidad interna del sistema climático.

Distintas trayectorias de emisión, agrupadas en escenarios socioeconómicos compartidos, definen distintos futuros posibles para la concentración de gases de efecto invernadero, desde trayectorias de emisión muy bajas hasta trayectorias de emisión muy altas. La respuesta del sistema climático a cada una de estas trayectorias de emisión se calcula con modelos de sistema Tierra, y esa respuesta del sistema climático puede descomponerse en dos partes: la respuesta forzada por la trayectoria de emisión, que corresponde al cambio en el promedio de un gran conjunto de simulaciones del mismo modelo climático, y la variabilidad interna residual del sistema climático, que corresponde a la dispersión entre las distintas simulaciones de ese mismo gran conjunto.

Dentro de esta respuesta forzada por la trayectoria de emisión, la respuesta climática transitoria por emisión acumulada de dióxido de carbono vincula directamente la cantidad total de dióxido de carbono emitida con el calentamiento global que el cambio climático antropogénico termina alcanzando, mediante una relación aproximadamente lineal: cuanto mayor es la cantidad total de dióxido de carbono emitida, mayor es el calentamiento global alcanzado, en una proporción que se mantiene razonablemente estable sin importar la trayectoria de emisión específica que produjo esa cantidad total de dióxido de carbono.

Los patrones espaciales de este calentamiento global muestran tres rasgos característicos. El primero es una amplificación ártica marcada, entre tres y cuatro veces más rápida que el calentamiento global promedio. El segundo es un calentamiento más rápido sobre los continentes que sobre el océano, porque los continentes tienen menos capacidad para almacenar calor que el océano y por lo tanto responden más rápido al mismo forzamiento externo de origen humano. El tercero es un patrón espacial característico propio del forzamiento por gases de efecto invernadero, distinguible del patrón espacial característico del forzamiento solar o del forzamiento volcánico, lo que permite atribuir el calentamiento global observado específicamente al cambio climático antropogénico y no a estos otros forzamientos externos.

Bajo este mismo calentamiento global, el ciclo hidrológico se intensifica, con más evaporación y más precipitación media global, pero esa intensificación del ciclo hidrológico se redistribuye de forma muy desigual entre regiones: las regiones que ya son secas tienden a secarse todavía más, y las regiones que ya son húmedas tienden a humedecerse todavía más, de modo que el cambio climático antropogénico amplifica los contrastes hídricos que ya existían entre regiones en vez de repartir la intensificación del ciclo hidrológico por igual entre todas ellas.

Los cambios en los extremos climáticos que produce el cambio climático antropogénico se cuantifican comparando cómo se desplaza y se ensancha la distribución de probabilidad de cada variable meteorológica bajo el calentamiento global, del mismo modo en que se desplazan y se redistribuyen las precipitaciones descritas en el párrafo anterior. En conjunto, la amplificación ártica, el contraste entre el calentamiento de los continentes y el del océano, el patrón espacial característico del forzamiento por gases de efecto invernadero, la redistribución del ciclo hidrológico y el desplazamiento de los extremos climáticos son, todos juntos, la huella completa que permite reconocer al cambio climático antropogénico como el modo forzado que emerge por encima de la variabilidad interna del sistema climático con la que empezó esta descripción, en vez de confundirlo con cualquiera de esos otros modos de variabilidad interna.

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